Daniel Olvera
Propietario
NUESTRA HISTORIA
Hay ciudades que se llevan en la piel. Granada es una de ellas: sus arcos de herradura, sus patios de agua y jazmín, el eco de la Alhambra sobre el Albaicín, y esa fruta que le da nombre, abierta, generosa, llena de vida por dentro, que ha alimentado leyendas, poemas y sobremesas durante siglos.
La Granada GRX nace de ese recuerdo. No como una copia, sino como una traducción: la de un lugar cargado de historia, reinterpretado a mil kilómetros de distancia, en Gran Canaria, con el Atlántico como testigo.
Es lujo sin oro.
Es tradición sin nostalgia.
Es Granada, mirando al mar.
No somos un restaurante de cocina tradicional. Tampoco uno que renuncia a sus raíces por perseguir la vanguardia. Somos el punto exacto donde ambas cosas se encuentran.
Cogemos el plato de siempre, el remojón de bacalao de las tardes de domingo, la patata brava de barra de toda la vida, el marisco cocinado con las manos y con paciencia, y lo llevamos a otro lugar. No lo disfrazamos: lo destilamos. Un remojón se convierte en láminas de bacalao ahumado sobre aceite de humo, naranja confitada y un gel que recuerda al aceite de siempre pero habla un idioma nuevo. Una patata brava se transforma en un milhojas de papa bañado en mojo rojo con chipotle, mojo de hierbas y una mayonesa de yuzu que viaja de Granada a Asia sin perder el acento andaluz.
Buen producto. Buena técnica. Pescado de lonja y marisco del Atlántico a la brasa, las mejores carnes tratadas con el respeto que merecen. Nada de artificio por el artificio: cada elaboración tiene una razón de ser, cada gesto en cocina persigue un único fin, que el comensal sienta algo.
Que cierres los ojos, pruebes el plato, y reconozcas el sabor de siempre, aunque nada en el plato se parezca a lo que recuerdas.
Nuestro emblema nace de la misma fusión que define la cocina: la G de Granada toma la forma de la fruta, redonda, orgánica, generosa, y en su interior se esconde un arco nazarí, celosía de la Alhambra tallada en la propia letra. Las pipitas de granada, dispersas con intención, recuerdan que dentro de cada cosa cerrada hay algo vivo esperando abrirse.
Un espacio pensado con la misma filosofía que la cocina: nada sobra, todo tiene sentido. Mesas vestidas con sobriedad, luz cálida, cristaleras abiertas al paisaje, una barra que es punto de encuentro tanto como escenario. Cada detalle, desde el camino de mesa hasta el cristal que enmarca la vista, lleva dentro, de forma discreta, el mismo espíritu que da nombre al restaurante.
Detrás de cada plato y cada mesa, un mismo propósito.
Propietario
Jefe de Cocina
Jefe de Sala
Alta cocina. Alma andaluza. Espíritu atlántico.